miércoles, 1 de agosto de 2012

Ventaja ayer, inconveniente hoy


A lo largo de la historia de la humanidad, a nadie se le escapa que nuestro IMC ha aumentado, por el aumento de peso. Es cierto que comemos más en cantidad sin mejorar la calidad, y nuestro tiempo dedicado el ejercicio físico desciende de forma espectacular a partir de los 25 años. Pero no parecía suficiente para explicar el drástico aumento de peso observado en ciertas etnias y poblaciones del mundo.

Se debía buscar algo más, algo propio del organismo humano que ,ante cambios ambientales  (en este caso la alimentación), provocara un cambio corporal relativamente rápido. Y si se habla de algo propio del organismo, se acaba forzosamente hablando de los genes.

La consonancia entre genes y evolución de las especies está más que demostrada. La evolución es supervivencia, adaptación al medio para poder asegurar la supervivencia de la especie. Todos los actos voluntarios e involuntarios de los seres vivos están orientados a eso. Esto se entiende fácilmente cuando el entorno es hostil, sin comida asegurada y con depredadores.

Es en este entorno donde la especie humana se abrió paso en los ecosistemas. La comida escaseaba, aun cuando se conocía el uso del fuego y de las semillas, la dieta era hipocalórica y llena de fibra, y el cuerpo estaba sometido a un gran esfuerzo físico porque se debía dar caza y evitar ser cazado. En estas condiciones durísimas la adaptabilidad al medio era clave, y superaban mejor las adversidades aquellos individuos que poseían en su código genético ciertas anomalías (mutaciones) que resultaban en ventajas frente al resto de población. Al tener ventajas, sus posibilidades de sobrevivir eran mayores, por lo que podían transmitir a su descendencia sus mutaciones.

Una de estas adaptaciones clave fue un aumento de la capacidad de acumular nutrientes en el cuerpo, tan simple como eso, unos genes que promovían el ahorro energético. Esos nutrientes servían como energía de reserva cuando la comida escaseaba, lo que constituía una forma brutal de selección natural.

Ahora viajemos en el tiempo hasta nuestros días. La energía que se usa en obtener comida es baja, la energía para mantener nuestro cuerpo caliente ya la gastan los radiadores, el ejercicio físico ligero es algo impensable o imposible para muchas personas, y la comida extendida por todo el mundo como representante del progreso es una comida hiperenergética e hipergrasa



¿Qué pasa cuando unes la alimentación del mundo industrializado y los genes ahorradores?

Las consecuencias son fáciles de imaginar. Los genes ahorradores heredados de nuestros antepasados y representantes de nuestro triunfo ante las inclemencias del medio se vuelven en nuestra contra,por lo que se ahorran y guardan nutrientes como grasa o hidratos de carbono que no necesitamos para sobrevivir. Y es más, el cuerpo humano puede transformar hidratos de carbono en grasa porque la grasa es más fácil de almacenar, produciendo un engorde acusado en ciertos casos. 
El problema no es sólo estético, es de salud mundial. Los alimentos de gran parte de la población no tienen nada que ver con la dieta a base de vegetales, carne y baja en grasa de nuestros antepasados. Esta dieta con gran cantidad de grasa, hidratos y proteínas provoca que los genes ahorradores sigan guardando nutrientes que provocan enfermedades graves y crónicas como la diabetes mellitus, obesidad, y problemas renales.

Dos casos que ilustran bien este problema:

- Karl Reinhard, investigador líder de un estudio antropológico a gran escala en el continente americano, estudió con su equipo los coprolitos (heces fosilizadas) hallados en la Cueva del Antílope de Arizona, EEUU. Esta cueva había sido habitada por multitud de pobladores a lo largo de los siglos y entre otros alimentos se encontraron pipas de girasol, maíz, hierbas silvestres y amarantos, plantas ricas en fibra y poco favorecedoras de diabetes. Estos pobladores son los antepasados de los actuales indios nativos americanos, cuya probabilidad de desarrollar diabetes mellitus duplican a las de los americanos blancos, con la actual alimentación.
Cueva del Antílope

- La isla de Nauru se encuentra en el océano Pacífico, y durante años estuvo olvidada por el resto del mundo como gran parte de las islas de alrededor. Su fuente de alimento consistía en fruta, verdura, y poca carne, y siempre dependía del clima. La dieta de un habitante de Nauru era lo que denominaríamos "sana", hasta que se descubrió a comienzos del siglo XX que su suelo era rico en fosfatos, recurso muy codiciado por Occidente. Los ingresos por los fosfatos se repartieron casi equitativamente entre la población, por lo que ya no hacía falta trabajar, y es más, se podía importar comida extranjera en grandes cantidades. Cabe destacar que los fosfatos se agotaron a comienzo de los años 80, por lo tanto se ha tenido que volver a la vida anterior, pero con serios peajes. La consecuencia de no hacer ya ejercicio física y empezar a comer dieta hipercalórica es de sobra conocida, pero si sumamos el efecto del gen ahorrador, nos encontramos con una isla donde más del 40% tiene diabetes de tipo 2, y muchos niños nacen con diabetes tipo 1. La isla Nauru se conoce como la isla de la diabetes.



En conclusión, las enfermedades crónicas asociadas al mundo desarrollado, tienen su parte de su origen en los albores de la misma humanidad y en su forma de sobrevivir. Las etnias que hayan cambiado más drásticamente de alimentación serán las más vulnerables, cuando la alimentación occidental haya llegado a ellos. Pero es necesario incidir en que no está todo perdido, tus antepasados no te predisponen a sufrir una enfermedad a menos que el medio sea nocivo, o tus actitudes frente a la alimentación no sean las adecuadas.

Artículo escrito por/Article written by ; Alejandro Ciriano Cervantes 

Bibliografía:

Este artículo está basado en las enseñanzas de Pilar Montero López, profesora de Alimentación y Cultura en la Universidad Autónoma de Madrid y en el artículo del periódico EL PAÍS de Javier Sampedro, fecha 25 Julio 2012 " Los genes del engorde"

La información sobre la Cueva del Antílope se ha obtenido del trabajo de Karl Reinhard publicado online, aquí está su ficha: http://snr.unl.edu/aboutus/who/people/faculty-member.asp?pid=99

Información adicional sobre la isla de Nauru obtenida de la web "DiásporaWEB", cuyo editor es Alberto Elósegui.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario