lunes, 22 de octubre de 2012

¿A dónde va el dinero que pagamos por nuestros alimentos?

Esta semana os traigo un artículo un poco diferente, en el que voy a contaros a grosso modo qué pasa con el dinero que pagamos por nuestros alimentos, para abrirnos un poco los ojos y entender cómo funciona el triste mundo en el que vivimos donde el consumidor y el trabajador terminan siendo los que más pagan y menos cobran. Voy a centrarme en dos cuestiones claves que muchos nos hemos preguntado alguna vez:


¿Porqué los agricultores cobran tan poco por sus productos comparado con lo que pagamos en el súper?
Todos hemos visto repetidas veces las imágenes por televisión de agricultores y ganaderos manifestándose por los precios irrisorios que cobran por los productos que cultivan y por que cuando éstos llegan al consumidor han multiplicado su precio hasta por diez. Esto se debe a muchos factores, pero hay dos que se llevan la palma: Ley de la oferta y la demanda y especulación:


- Ley de la oferta y la demanda: Simplemente hay demasiados agricultores para pocos compradores de alimentos. Quienes compran alimentos son grandes superficies, cadenas de supermercados e industria alimentaria y a ellos les venden alimentos infinidad de agricultores, esto hace que si por ejemplo una cadena de supermercados necesita comprar manzanas, vaya llamando a los agricultores hasta encontrar un precio que encuentre conveniente. En el otro lado los agricultores se ven obligados a aceptar precios límite por sus productos o no venderlos (o en el caso de países en la UE, venderselos a la UE a un precio que ésta estipula, pero bastante límite también).

Además las cadenas de supermercados también ejercen presión sobre una más numerosa industria alimentaria y encarecen aún más el precio de algunos alimentos procesados.
Los precios para exportación suelen ser inaceptables para agricultores de países industrializados, ya que otros países pueden producir lo mismo pero más barato (y de ahí las leyes arancelarias para que no haya una fuga de capital fuera del país y no se colapse la agricultura interior).

- Especulación: La especulación con materias primas alimentarias funciona igual que cualquier otro tipo de especulación en la que todo consiste en comprar barato y vender caro. Pongamos el ejemplo de las manzanas, si un agricultor tiene sus manzanos en flor y sabe que en un mes recogerá la cosecha, puede negociar con un comprador la venta de estas manzanas aún no recolectadas a un precio concreto. Esto hace que el agricultor tenga la venta segura y por otro lado este comprador que no es otro que un broker busca salida a esos productos a un precio más elevado. El derecho sobre estas manzanas puede pasar por varios brokers antes de llegar a su destino en un supermercado, esto hace que los precios se encarezcan.
El efecto de la especulación se mide sobretodo a nivel de precios alimentarios mundiales y afecta sobretodo a materias primas como la soja, el trigo o el azúcar.


¿Qué son realmente las marcas blancas?
Mucha gente cree que comprando productos de marca pagas el nombre del producto y no la calidad, esto no puede estar más lejos de la realidad. Las marcas blancas no son más que una tapadera encubierta de la presión que hacen los supermercados y distribuidores de alimentos a las industrias alimentarias. Igual que los agricultores se veían presionados por un bajo número de compradores (entre ellos recordemos, la industria alimentaria), la industria se ve presionada por un aún más reducido número de distribuidores y cadenas de supermercados.

Para hacerse una idea de este efecto solo hay que pensar un poco, piensa en cuántas marcas de supermercados conoces; ahora piensa en cuántas marcas de alimentos se te ocurren; por último piensa en cuántos agricultores hay en un país como España. El número se ha multiplicado varias decenas de veces ¿Verdad?

De este modo, continuando con el ejemplo de las manzanas, una industria que fabrica compota de manzana quiere venderla a un supermercado, el supermercado acepta el producto en pequeña cantidad y observa la respuesta del público frente a él. Si el producto no se vende, como suele decirse, adiós muy buenas.
Pero si el producto se vende, el supermercado le dice a la industria... Mira, me gusta tu producto, pero quiero que le pongas mi nombre (he aquí la marca blanca) y que me abarates el precio un X% (así se consigue atraer clientela con precios atractivos).
La industria alimentaria necesita vender su compota de manzana, pero si no encuentra un supermercado que se la compre, se ve obligado a aceptar la marca blanca y para ello recortar gastos de donde puede. Como resultado obtenemos por norma general un producto de una calidad significativamente peor que el original.

- Pero, algunas marcas anuncian: No fabricamos para otras marcas, ¿Cómo pueden hacerlo con esa presión de los distribuidores? Es sencillo. Algunas marcas alimenticias importantes y de renombre son exigidas por los consumidores. Si vas al supermercado como consumidor y no encuentras un producto concreto de una marca que te gusta, puede ser que no vayas a ese supermercado porque no encuentras el producto que necesitas. Lamentablemente esto sólo ocurre con algunas marcas muy contadas.

- ¿Son de peor calidad los productos de marcas blancas? No siempre pero en general .
Puede ser que para vender un producto de marca reconocida, ésta haya tenido que aceptar fabricar también un producto de marca blanca para vender los dos. En algunos casos la marca puede ganar muy poco dinero con el producto de marca blanca o incluso hasta perderlo, pero compensa las pérdidas con las ventas del producto de marca. Esto también es una excepción.
Lo normal es que la empresa alimentaria haga recortes de donde puede, utilizando procesos baratos pero de mala calidad para procesar sus alimentos. Ejemplos claros son el de la leche, en el que dos procesos distintos de esterilización UHT dan productos con una calidad nutricional muy diferente, aunque también a muy diferente precio.
Por norma general cuanto más procesado está un alimento más conviene comprarlo de marca y un producto de marca blanca será como mucho igual pero normalmente peor que su homólogo de marca.

Espero que no os hayáis liado mucho con algunos conceptos, por desgracia y como decía al principio del artículo, los más perjudicados terminan siendo los consumidores y los trabajadores, y el dinero se lo llevan las industrias alimentarias potentes y sobretodo las cadenas de supermercados y otras distribuidoras de alimentos, además de los especuladores financieros.


Si os ha gustado el artículo, queréis debatir algo o tenéis preguntas, no dudéis en comentar.

Artículo escrito por: Jesús Miguel Rodríguez Castaño




2 comentarios:

  1. Buen articulo. El tema precio nunca he llegado ha entender y no quiero culpar a nadie pero...
    En el mismo mes del año puedo encontrar en una frutería el kg de patata a unos 40-50 ctms. Me imagino que el agricultor lo ha vendido por un precio ridiculo...unos 10 ctms aprox. Casualidades que, esa misma semana viajo a un pueblo y en el mercadillo, hay gente que vende su propia patata, me refiero a gente tipo agricultor a escala menor y te pide más de un euro por kg. Quien de quien se esta aprovechando ? Encontré en el mismo mercadillo un supuesto queso casero y de calidad que al día siguiente lo ví en un supermercado bastante más barato...

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    1. A ese nivel cada uno pondrá el precio que crea conveniente y un producto vale lo que el cliente esté dispuesto a pagar por él, muchas veces los agricultores se asocian en cooperativas y ahorran intermediarios y los precios comprados en origen a cooperativas suelen ser altamente competitivos. En cualquier caso en esto como en todo hay excepciones.

      Un saludo ;)

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